Comunicación con hijos, ¿preguntar o sugerir?

!O seducir!

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Imaginemos una situación hipotética:

A la salida del trabajo, después de varias horas de jornada laboral, nos viene a buscar nuestra pareja y, con ilusión de vernos, se interesa por nosotros: ¿Cuántos proyectos has entregado hoy? ¿Cuántos te han pedido para mañana? ¿Qué has comido?

Seguramente daríamos respuestas, respectivamente, del tipo: Muchos, demasiados, !pero si tienes el menú del restaurante del trabajo colgado en la nevera de casa!  Y quizás añadiríamos sin que nos preguntaran: estoy muy bien, gracias cariño.

!Pues qué nos pensamos si atracamos a nuestr@s hij@s con estas mismas preguntas a la salida del cole!

Y si revertimos la situación y empezamos nosotros con discursos tipo: Hoy me he disgustado con mi compañera de trabajo porque pretendía que yo hiciera parte de su trabajo, pero le he explicado que no creía que fuera lo mejor. Hablando hemos llegado a un buen acuerdo porque ella está muy cansada y le ayudaré un tiempo, a ver si ella luego puede hacer lo mismo cuando yo lo necesite…

Cierto: no siempre voy a tener las fuerzas ni el tiempo y la pausa necesarios para emprender una conversación así.

Cierto: quizás menos extenso y adaptado a su edad, pero siempre con la finalidad de facilitar la expresión de las emociones.

Cierto: no siempre va a ser un discurso que responda a la realidad y tan pulcro en valores…

Pero lo más cierto es que su respuesta siempre será mucho mejor por estos senderos que a partir de la interrogación, la inquisición a veces, a la que con buena voluntad los progenitores sometemos  a nuestr@s hij@s.

Lo cierto es que, si podemos cambiar de paradigma (en general, no como en el ejemplo concreto caricaturizado) nuestra relación fluirá a través de una comunicación más efectiva.

coberta

Para poder comunicar (mucho más que hablar), mejor sugerir y seducir. Si además sabemos escuchar (lo dejaremos para otra ocasión), podemos ir a por nota.